Quien soy y porque subo este libro

          Dos características que por azar tengo son mi nombre y mi gentilicio. En honor a mi nonno paterno me llamo como la esfinge de la Libertad de la República Francesa, "Marianne" (aunque yo llevo el nombre en criollo, Mariana) y si bien mi familia ya llevaba años viviendo en Mar del Plata, mi madre fue a tenerme a una ciudad del gran Buenos Aires en donde se encontraba el médico que la había atendido toda la vida, se trata de Gral. San Martín, por ende, soy sanmartiniana por nacimiento y por opción ya que de grande me interesó conocer sobre el gran capitán y hoy me declaro políticamente sanmartiniana, aunque tal partido no exista y los que hay distan mucho de parecerse.
 
          Amo profundamente al general San Martin.


          Asqueada con el manejo que el kirnerismo le ha dado a San Martín, que cuando no lo han ninguneado lo han usado sin descaro para sus propósitos, viendo que este gobierno corrupto dejará material didáctico en donde no se es fiel a nuestro gran Capitán, decidí subir a la web material histórico de valor para contrarrestar tanta mala fe.

          Siempre creí que los DOCUMENTOS DEL ARCHIVO DE SAN MARTÍN debían volver a editarse porque son un material histórico muy valioso. Yo cuento con una edición que data de 1910, en donde por las limitaciones de la época los documentos están transcriptos, y siempre pensé que debería hacerse una nueva edición que tuviera además de la transcripción el facsímil de los documentos originales.
          Mi trabajo se inicio justamente con un blog destinado a subir todo el material de los DOCUMENTOS DEL ARCHIVO DE SAN MARTÍN pero advertí que si bien éstos son de un valor inigualable, su lectura resulta muy difícil para el lector medio, quien si no tiene una base de conocimiento sobre San Martín podría perderse entre tanto documento con lenguaje legal antiguo. Debería subirse al unísono una historia sobre San Martín que acompañara el correr de los documentos.
          Y esto es sinónimo a decir HISTORIA DE SAN MARTÍN POR BARTOLOMÉ MITRE ya que si los argentinos contamos con una biblioteca tan completa sobre el padre de la patria se lo debemos al ex presidente quien lo ha estudiado durante décadas, recopilando todo cuanto ha podido y gracias al respeto intelectual que generaba, ha sido privilegiado con donaciones de documentos privados de personas muy importantes de nuestra historia, entre ellos, ni más ni menos, que ha recibido los papeles privados del general San Martín.
          Este no es el primer trabajo biográfico sobre nuestro prócer, cabe rescatar uno anterior muy valioso realizado por el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, quien tuvo la generosidad de compartir con Bartolomé Mitre su investigación, por cuanto considero que su obra se encuentra absorbida por ésta.
          Sin lugar a dudas el de Bartolomé Mitre es el primer gran trabajo sobre San Martín, documentado y minucioso. Y ha sido desde entonces fuente obligada de los que le sucedieron.
          Como sanmartiniana quiero destacar la HISTORIA DE SAN MARTÍN por José Pacífico Otero, un historiador miembro del Círculo Militar, que es para mí el trabajo más acabado de todos, ya que realizado en el siglo XX pudo no sólo verificar cada uno de los datos suministrados por Bartolomé Mitre, sino corregirlos y ampliarlos, y cuya edición presenta un invalorable material visual. Espero de corazón que el Círculo Militar, quien entiendo ser dueños de los derechos, vuelva a editar esta colección, que data de la década del 40 y si no estoy mal informada la más reciente es la que yo cuento de 1979.
          Gran parte de toda la biblioteca sanmartiniana que poseo esta basada en estos dos trabajos, el de Mitre y el de Otero, salvo investigaciones de hechos puntuales que siempre aportan información valiosa.
          Habiendo fallecido el general Mitre en 1906, los derechos de autor de su HISTORIA DE SAN MARTÍN son de dominio público, por lo tanto puedo publicarlos sin violar ninguna ley, y lo hago no sólo porque éstos están liberados sino porque considero que esta obra es fundamental en la biblioteca sanmartiniana, y que si bien tiene un lenguaje un poco antiguo es muy sencilla de leer, y por otro lado, su margen de error, que oportunamente fue corregido por José Pacífico Otero como he señalado, no distorsionan la figura del gran capitán ni la historia argentina.
          En la medida de mis posibilidades, iré subiendo ambas obras (los DOCUMENTOS DEL ARCHIVO DE SAN MARTÍN y la HISTORIA DE SAN MARTÍN POR BARTOLOMÉ MITRE) evitando usar scan para que la información pueda ser captada por los buscadores y al ingresar al sitio no se corra el riesgo de que alguna imagen no se muestre perdiendo así parte valiosísima de información. He decidido usar scan sólo en los casos que blogger no me permita hacer los gráficos que sean necesarios para presentar la información, y en el caso de los documentos, subir el scan de aquellos que pueda obtener sus fácsimil, pero siempre acompañado por la transcripción, salvo en el caso de documentos en otros idiomas que por temor a cometer errores de transcripción he decido scanear siempre.

          La tarea es ardua y apenas la he iniciado. Espero que ésta sirva para difundir el pensamiento del general San Martín, tan valioso en su época y tan necesario hoy día en esta Argentina que ha perdido el rumbo. Creo que los valores de San Martín y de Belgrano (de quien desearía poder subir también su HISTORIA realizada por Bartolomé Mitre, una vez que termine con ésta empresa) no son arcaicos, sino que más que nunca debemos rescatarlos pues es la única manera de saltar esta infame época de corrupción y desvalores que vivimos y de la cual no sólo el kirnerismo es culpable, sino todos los argentinos por haber olvidado en algún momento cual es la Argentina que soñaron nuestros próceres, y haber permitido que tan descaradamente se cambiara el rumbo de la historia.
          Pero nunca es tarde para enderezar el paso, Argentina merece un mejor destino y qué mejor que encontrarlo siguiendo el ejemplo de nuestro amado general San Martín.


Mariana Flavia Fracassi Lazzarini
 marianaflavia@gmail.com
junio 2015

Prólogo, por Bartolomé Mitre

          Este libro tiene por objeto relatar la historia correcta y completa del GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN, según nuevos documentos, combinándola con la de la emancipación de la América del Sud, de que fue uno de los grandes libertadores. Complemento necesario de la HISTORIA DE BELGRANO, escrita hace ya treinta años, estas dos historias encierran á grandes rasgos el cuadro general de la revolución argentina en sus dos faces características: la una, con relación al orden nacional; la otra, en sus relaciones externas con la emancipación sud-americana.
          Concebidas estas obras, con amplitud y precisión dentro de los límites de la medida humana y de la verdad comprobada, ambas, aunque escritas en medio de luchas ardientes, en que se buscaba por la discusión ó por las armas la solución de los arduos problemas institucionales de la tradición revolucionaria, se ha inspirado en el espíritu equitativo de todos los tiempos, que por lo mismo que no es exclusivo ni extraño á cuanto al hombre pertenece, todo lo trae á condiciones y proporciones reales, sin alterarse por pasiones ó intereses pasajeros que nada legan á la conciencia de la posteridad.
          El argumento de ambos libros, es la Independencia Americana en sus movimientos concéntricos y excéntricos, ya con relación á una nacionalidad naciente, madre de otras nacionalidades, ya con relación á un grupo de naciones nuevas, emancipadas por las armas propagadoras de los principios orgánicos que les inocularon vida robusta. La lección que de ellas se desprende es armónica con sus argumentos. So dos libros que se complementan en su dualismo, análogos, pero distintos; en que se desenvuelve una misma acción compleja en dos diferentes teatros y con diferentes caracteres aunque idénticos en sus fines, explicando un movimiento colectivo, orgánico y multiforme, y esto justifica el título de HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA Y DE LA EMANCIPACIÓN SUD-AMERICANA, que llevan. El uno tiene por escenario el territorio del antiguo Virreinato del Rio de la Plata y encierra la historia de la revolución argentina en relación á una nacionalidad. El otro, si bien no es la historia completa de la revolución de la independencia sud-americana a comprende en la medida que comporta el cuadro en que se desarrollan los acontecimientos que forman su argumento, y le dan su estructura histórica. Son las faces de una misma medalla conmemorativa en que varía el símbolo y la leyenda.
 
 
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          El plan de la obra, así en su arreglo metódico como en el orden cronológico, con los desarrollos sintéticos que lo complementan está rigurosamente ajustado á la unidad del asunto, y se ha procurado que la sucesión lógica de las partes componentes concurra á esa armonía. Al efecto, cada capítulo es un cuadro completo en sí, que comprende una época, un período marcado, ó presenta, bajo su luz una faz en la misión del héroe, y contiene á la vez todos los elementos necesarios para ilustrar los puntos en él tratados, relacionándolos con el conjunto y con el movimiento general de su tiempo.
          La comprobación se funda en documentos nuevos en su mayor parte, y no se afirma ni se avanza un juicio sin acompañarlo de su justificativo ó sin ser deducido de ellos interpretándolos rectamente. Las notas que amplían ó comprueban el texto, lo ilustran por medio de la autoridad citada ó de la crítica, con la reproducción en algunos casos de documentos breves que se relacionen con un hecho aislado que requiera especial comprobación.
          Los APÉNDICES contendrán los documentos de mayor extensión en que sólo figurarán los inéditos y auténticos que tengan un interés general para la biografía ó para la historia, algunos de los cuales son verdaderas revelaciones póstumas que esparcen nueva luz sobre sucesos misteriosos ó poco conocidos, ó corrigen errores acreditados por una falsa tradición ó información incompleta.
          Aunque las numerosas y prolijas citas que de mis autoridades hago en el lugar correspondiente, podrían excusarme de insistir sobre la documentación, daré una idea general de los materiales de que me he valido para la confección de esta obra.
          Creo haber consultado todos los libros, folletos, periódicos y papeles sueltos impresos que á San Martín se refieren, y como prueba puedo presentar centenares de ellos reunidos en el espacio de treinta años, que forman parte de mi Biblioteca Americana, limitándome á citarlos en su oportunidad, aun cuando su mención especial podría tener algún interés bibliográfico.
          En cuanto á manuscritos, puedo asegurar que he compulsado por lo menos diez mil documentos, lo que es fácil verificar por las citas y apéndices y especialmente por el catálogo que se insertará a continuación, todos los cuales forman parte de mis colecciones, que reunidos metódicamente en setenta y tres gruesos volúmenes serán oportunamente depositados en la Biblioteca Nacional para servir de comprobación subsidiaria.
          Por vía de la ilustración de este punto y de mi método de comprobación, daré en general una idea de los materiales de que me he servido y de las fuentes en que los he recogido. 
 
 
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          Una de mis ricas fuentes de información auténticas, por la abundancia y novedad de noticias, aunque desgraciadamente no la más completa de sus series,, ha sido el archivo del mismo General San Martín, que merece mención especial como punto que interesa á la historia y se liga con el asunto de este libro.
          Creyéndose por mucho tiempo, que el General San Martín, al condenarse deliberadamente al ostracismo é imponerse un estoico silencio, había renunciado, no sólo á hablar á sus contemporáneos, sino también á su posteridad, destruyendo los documentos que debían constituir su archivo político y militar y con él los principales elementos de su memorable historia. Pero si bien no nos ha legado Memorias, y apenas si ha dejado breves apuntes sobre algunos de sus contemporáneos y apreciaciones ligeras sobre uno que otro hecho aislado, felizmente sus más importantes papeles fueron conservados, y todos ellos existen hoy en nuestro archivo.
          La primera noticia de la existencia de estos papeles, fue la aparición de la famosa carta á Bolívar, comunicada por el mismo San Martín y publicada en francés por el capitán Lafond, que proyectó la primera luz sobre la misteriosa conferencia de Guayaquil en que los dos grandes libertadores de la América Meridional se abrazaron y se repelieron por la primera y última vez. Posteriormente los señores Alberti, Barros Arana y Vicuña Mackenna, hicieron conocer algunos documentos del archivo del General, conservados y comunicados por su hijo político el Sr. Mariano Balcarce. Gran parte de estos papeles pasaron á nuestras manos por donación del Sr. Balcarce, reservándose otros de que creía no deber desprenderse en vida, según la voluntad del testador; pero dispuso, que después de sus días me fueren entregados como un legado histórico, en la confianza, según nos dijo entonces, de que haría de ellos un uso discreto. Á la espera de estos documentos creí en conciencia deber interrumpir mi obra, y esta es una de las causas, entre otras varias que son de notoriedad del retardo de su continuación, que hoy en posesión de todos los datos necesarios he proseguido.
          La voluntad póstuma del Sr. Balcarce, fue cumplida por su hija la señora Dª Josefa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada, nieta de los dos hombres ilustres de la historia argentina cuyos apellidos lleva, la que me remitió desde París en 1885 y 1886 numerosos legajos de documentos manuscritos y de impresos curiosos de la época de la revolución conexos con San Martín. Al confiarme esos papeles esta distinguida señora, me decía, que "dejara á mi discernimiento decidir los que fueren de verdadera utilidad y los que debieran destruirse." Felizmente, entre ellos no hay papeles que deban ser destruídos, habiendo sin duda tenido su primitivo poseedor la generosidad de hacerlo él mismo con los que pudieran comprometer á otros, como lo acostumbró hacer magnánimamente en medio de su poderío aun respecto de sus enemigos, conservando únicamente los que pudiesen ser útiles para la historia, y si hay alguno que pueda perjudicar aisladamente la memoria de un individuo, debe respetarse su voluntad de conservarlo, así como los que no le favorecen.
          Sólo una parte de este archivo estaba arreglado por el Sr. Balcarse, existiendo en él varios legajos clasificados por el mismo San Martín con breves indicaciones de su puño y letra; todo lo demás era una masa informe, en que se hallaban confundidos documentos de poco interés histórico del servicio ordinario, periódicos y folletos, con otros papeles públicos y de verdadera importancia. Aunque muy interesante y valiosa, esta colección no corresponde á la idea que podría formarse de la riqueza del archivo de un grande hombre que tanta influencia tuvo en los destino americanos, pues faltan en él los principales elementos para escribir su historia militar y aun política, y en varias series se notan vacíos considerables, de manera que, sin los documentos conservados en el Archivo General, no habría sido posible formarla.
 
 
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          Entre los papeles que en vida del Sr. Balcarse pasaron á mis manos, encontrábanse los más interesantes, entre ellos un libro copiador de oficios reservados, que contienen verdaderas revelaciones, y gran parte de su correspondencia privada sobre asuntos públicos con los principales hombres de su tiempo,, especialmente con O´Higgins, Balcarse, Pueyrredón, Belgrano, etc. Entre los remitidos por su hija, se encuentran coleccionados los que se relacionan con el almirante Cochrane; su correspondencia completa con el General Guido con algunos borradores de sus contestaciones desde 1816 á 1846, y con otros personajes; varios apuntes sueltos escritos ó dictados  por el mismo General, y algunos legaos de interés, pero truncos, sobre las campañas de Arenales á la Sierra y sobre la de Quito, con otros de menor importancia, pero utilizables en parte. Con estos elementos he podido completar mi documentación, que no obstante su deferencia en el orden militar y político sirven para aclarar algunos misterios, que en parte hemos puesto en claro guiados por ellos en nuestra "Historia de Belgrano" y en nuestras "Comprobaciones Históricas", y sobre las cuales derramamos hoy toda la luz que ellos proyectan.
          Las clasificaciones de algunos legajos hechos por el mismo San Martín y los breves apuntes por él escritos ó dictados, harían creer que alguna vez pensó, si no en escribir Memorias, por lo menos una vindicación de su vida pública, y en efecto, así consta de su correspondencia confidencial.
          En carta suya al General Guido, datada en Bruselas el 18 de diciembre de 18261, le decía: "Quanto dexe de existir V. encontrará entre mis Papeles (pues en mi última disposición ay una clausula expresa le sean entregados) documentos orijinales y sumamente interesantes. Ellos, los apuntes que hallará V. ordenados, manifiestan mi conducta Pública y las razones de mi retirada del Perú. V. me dirá que la opinión Pública y la mía están interesadas en que estos documentos vean la luz en mis días. Varias razones me acompañan para no seguir este parecer, pero sólo citaré una que para mí es excluyente, á saber: -La que lo general de los hombres juzgan de lo pasado según la verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses. Por lo respectivo á la opinión pública, o estoy seguro que los honrados me harán justicia á que yo me creo muy acreedor. Sin embargo de estos principios y del desprecio que yo pueda tener por la Historia, porque conozco que las Pasiones, el espíritu de partido, la adulación y sórdido interés so en general los agentes que mueven los Escritores, yo no puedo prescindir que tengo una Hija, y amigos (aunque bien pocos), á quien debo satisfacer. Por estos objetos, y no por lo que se llama Gloria, es que he trabajado dos años en hacer extractos y arreglar documentos, para que acrediten mi justificación. Pero si los hechos y motivos sobre que se ha fundado mi conducta en el tiempo en que he tenido la desgracia de ser hombre Público, -sí, mi amigo, la desgracia, porque estoy convencido, de que -Serás lo que hay que ser y sino no eres nada. En fin, si como V. dice no me perdonará jamás mi separación del Perú, espere el paquete entrante para rectificar tan terrible sentencia. En vista de mi exposición puede ser barie de opinión, porque estoy seguro sabrá cosas que he ignorado y que lo admirarán apesar de lo mucho que ha vito en la Revolución. V. conocerá que teniendo que fiar esta interesante exposición á las continjencias del Correo, tendré que usar de ciertas precauciones; no obstante, yo diré á V. lo suficiente para formar una idea."
          En carta posterior de 21 de julio de 1827, de Bruselas también, repetía al mismo corresponsal; "Yo he ofrecido á V. ecribirle en la 1ª oportunidad segura cosas que le asombrarán, a pesar de lo mucho que la Rebolución le ha hecho conocer." Y  refiriéndose a Bolívar, cuyo retrato traza, agrega: "En fin, no me queda la menos duda de las sanas intenciones de este General (Bolívar), pero seria un mal Caballero si abusase de la situación en que se haya (y que estoy seguro empeorará por su carácter) para publicar secretos que solo V. sabrá, y solo verán la luz después que dexe de existir."
          En carta (inédita) del General Guido dotada en Buenos Aires el 23 de febrero de 1829, le decía sobre el particular: "Recuerdo la oferta que en repetidas cartas me hizo V. desde Bruselas, de sus papeles para la historia; ha llegado el tiempo de cumplir esta promesa."
          Ni San Martín volvió á recordarse de su promesa ni Guido á insistir sobre ella, y entre las disposiciones póstumas del primero no existe ninguna cláusula que á sus papeles se refiera, á no ser las instrucciones verbales que dejó á su hijo político el Sr. Balcarce, á quien instituyó heredero de ellos.
 
 
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          Entre los documentos remitidos, así por el Sr. Balcarse como por su señora hija, ningún rastro se encuentra de la vindicación ni de las revelaciones anunciadas, y es de suponerse que las que se referían á sus relaciones con Bolívar, -principal causa de su separación del Perú, - se limitaban á su correspondencia con él después de la conferencia de Guayaquil, publicada posteriormente por Lafond, que entonces era un secreto que no había transpirado, y que en 1844 cuando se vulgarizó fue una verdadera revelación.
          Algo más hay que decir sobre este punto por la confrontación de los documentos publicados con los inéditos, y concordando testimonios contradictorios deducir de los hechos fuera de cuestión las conclusiones lógicas y fatales, pero los principales son conocidos, y sólo resta ilustrarlos con otros complementarios para habilitar á la posteridad á pronunciar el juicio definitivo. El mismo San Martín, que en los motivos ostensibles que dio para su retirada del Perú en su famosa proclama de despedida, había contribuído á extraviar la opinión, dijo después de la publicación de su carta a Bolívar, que nada oculto había en este gran misterio, sino lo que todos sabían y podían deducir. Lo único misterioso en este acto, que la imaginación se ha empeñado en rodear de accidentes dramáticos, son los móviles, secretos que impulsaron, ó más bien dicho, impusieron su abdicación los cuáles no están consignados en ningún documento, como que tuvieron su origen en la propia conciencia en que él los guardó, y que el tiempo ha puesto de manifiesto.
          Entre los papeles del General San Martin hay algunos de más o menos importancia que pudieran relacionarse de más o menos importancia que pudieran relacionarse con las revelaciones por él anunciadas, y en particular una serie completa y arreglada por él mismo, en que consta una denuncia de tentativa de conjuración de varios jefes del Ejército de los Andes contra su poder y contra su vida, misterio histórico de que hacen referencia vaga algunos escritores y que otros relatan incorrectamente, Estas y otras causas análogas, obraron también en su ánimo al abdicar el mando; pero fueron meramente concurrentes, pues la actitud de Bolívar y el estado de la revolución del Perú en la situación en que entonces se encontró, fueron las principales causas determinantes, que se imponía por sí y explican todo natural y racionalmente.
          La resolución de San Martín de guardar silencio durante su vida, -quebrada indirectamente sólo una vez al comunicar la carta dirigida á Bolívar y autorizar su publicación,- fue la regla que voluntariamente observó, y todo demuestra, que después de su pasajera veleidad de Bruselas, en que él mismo dice que "se le había exaltado la bilis," no pensó después jamás en escribir Memorias ni defensas, y sólo por excepción en legar á la posteridad datos ordenados sobre el particular.
          Citaremos en comprobación de esto, dos hechos, que se ligan con el asunto de su archivo.
          De todos sus papeles, los únicos regulares organizados son los que se refieren á sus relaciones con lord Cochrane, con copias, confrontadas bajo su inspección y anotaciones de clasificación de su puño y letra lo que indicaría ser éste uno de los asuntos que más le interesaba, como si previese las iracundas Memorias que escribiría su antiguo y heroico compañero y su enemigo encarnizado aun más allá de la tumba. En cambio, cuando en 1832 se publico en Buenos Aires la "Memoria Histórica" de coronel Arenales sobre la segunda campaña de su padre el General Arenales á la Sierra del Perú, en que se le hacían graves cargos, no bien justificados, el General Guido, en carta (inédita) de 15 de julio del mismo año, llama su atención sobre ella en los términos siguientes: -"Esta pieza me ha costado disgustos y explicaciones que he tenido ya con el autor, porque no podía disimular la mezcla de cargos á los elogios que le hacen á V. Cláusulas hay bastante irritantes, otras inoportunas y muchas de las que se refieren á la campaña de la Sierra que podría yo atacar victoriosamente, no sólo por los datos que tengo, de mayor peso que los que pudo alcanzar el joven Arenales en la campaña del Perú, donde su posición fue subalterna, sino por la contradicción que se encuentra en la primera parte de su narración."-  Después de las explicaciones cambiadas entre Guido y el autor, éste quedó en enviar la obra á San Martín, y darle una satisfacción al respecto. -San Martín no se dio por entendido de los cargos, y el legajo de su archivo, por él clasificado, que se refiere á las campañas de la Sierra del General Arenales, sólo contiene algunos documentos concernientes á la primera, y éstos mismos incompletos, y una parte de los relacionados con la segunda, que era, si no la más interesante históricamente, la que más afectaba su reputación y su responsabilidad histórica como General y como directos de la guerra.
          Tal es el archivo del General San Martín que poseo y he utilizado para mi trabajo, y del cual he creído deber dar una idea por vía de ilustración critica á la documentación de su historia.
 
 
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          A más del archivo del General San Martín, los archivos públicos y algunos particulares han sido la fuente más abundante de mis informaciones.
          He dicho, que sin los documentos conservados en el Archivo General, no me habría sido posible escribir la vida completa del General San Martín, pues sólo allí existen series íntegras que se eslabonan cronológicamente por el espacio de ocho años continuos, con noticias políticas y militares y detalles administrativos que en ninguna otra fuente pueden encontrarse. En las tres grandes reparticiones de este rico depósito, à saber: Gobierno, Hacienda y Guerra, he compulsado más de cuarenta legajos, que contiene en algunos de ellos mas de trecientas caretas o expedientes, y término medio, cien. No he dejado de leer uno solo de los papeles, y de los más importantes para mi objeto he tomado copias ó hecho extractos de mi mano, anotándolos y concordándolos todos cronológica y sistemáticamente con observaciones críticas, en cuadernos que conservo como un doble justificativo, y que figuran en el catálogo de mi colección de manuscritos inéditos, que se registra más adelante.
          Estos estudios así sistemados, van desde 1812 á 1824, colmados sobre las series de documentos que son relación á esa época y respecto al General San Martín se encuentran en el archivo mencionado, los cuales comprenden no sólo su correspondencia oficial en los tres ramos, sino también la diplomática, la política reservada y la puramente administrativa del ejército en sus cuerpos y reparticiones, á la par de la del Gobierno General en el exterior y sus agentes públicos dentro y fuera del país.
          Del archivo de Mendoza (Intendencia y Cabildo) dispensando por el terremoto, en que se conserva la historia civil de la creación del Ejército de los Andes y de los recursos locales con que se llevó á cabo la empresa de la reconquista de Chile y libertad del Perú, he podido formar series completas desde 1814 á 1820, que adelantan bastante sobre lo conocido y publicado antes por otros historiadores que han explotado esta fuente de informaciones auténticas. Debo también al Sr. Eusebio Blanco, ex-senador por Mendoza, la comunicación de algunos valiosos papeles de esta procedencia, que han enriquecido mi archivo.
          Además, he tenido á mi disposición varios otros archivos particulares que hoy forman parte de mi colección, y que enumeraré rápidamente en reconocimiento á las personas que generosamente me los han ofrecido.
          Otro archivo muy importante. y que también he utilizado es el del Director Pueyrredón, de que su hizo me hizo donación espontánea. La administración de Pueyrredón está identificada á la época más gloriosa de los trabajos de San Martín, el cual conservaba íntegra su correspondencia con él desde 1816 á 1819, que es una rica mina de informaciones nuevas y seguras.
          En el archivo del General Belgrano, de que he dado noticia en su "Historia", encontré muchos documentos que con San Martín se relacionaban, entre ellos, su correspondencia particular desde 1813 á 1819, llena de expansiones y confidencias verdaderamente históricas.
          He registrado el archivo del General O`Higgins, de que era poseedor mi malogrado amigo el historiador Vicuña Machenna, en el cual encontré datos curiosos sobre puntos muy recónditos, y entre otros, su correspondencia por medio de clave con San Martín, forma en que se comunicaban sus asuntos particulares.
          Tuve también la fortuna de que viniese á mi poder una parte del archivo de don Tomás Godoy Cruz, amigo y agente político del General, cuya correspondencia íntegra desde 1816 á 1821, sin faltar una sola carta, constituye la serie más importante de su colección, la que me fue dada por el señor General Domingo F. Sarmiento, que la había tenido presente al escribir la biografía suya de San Martín que se publicó en la "Galería de hombres célebres de Chile". Es una riquísima mina de informaciones del mayor interés, como que todas las cartas, y algunas de ellas de tres y cuatro pliegos, son de puño y letra de San Martín, que revela en ellas su genio, su carácter, sus planes políticos y militares y sus secretos más íntimos durante ese gran período.
          Pude también consultar el archivo del General Las Heras, antes y después de su muerte, y á él debo, además de algunos documentos que allí se encuentran, importantes noticias verbales y epistolares, lo mismo que al General Zapiola que me donó en vida todos sus papeles, muy útiles para la historia de las campañas del sur de Chile.
          Por último, citaré en globo las Memorias históricas manuscritas de los generales Alvarado, Luzurriaga, Rondeau y Álvarez Thomás, y las de Posadas; la correspondencia confidencial de San Martín con los Directores Posadas y Álvarez Thomas, y con el General don José Antonio Balcarse, su segundo en el mando; de don Juan José Passo en 1814, además de la de O`Higgins ya mencionada, así como con don Tomás Guido, su confidente durante más de treinta años, y con varios otros contemporáneos, todo lo cual forma parte de mi archivo de originales y he utilizado convenientemente.
          Finalmente en la República Argentina en el Estado del Uruguay, en Chile, Perú y Bolivia he tenido ocasión de adquirir noticias verbales de varios contemporáneos algunos de ellos jefes de alta graduación en el Ejército de los Andes, que acompañaron á San Martin desde San Lorenzo é hicieron con él las campañas de Chile y el Perú. Recordaré entre ellos, además de los ya nombrados, á los generales Guido (don Rufino), Aldunate, Pinto, Calderón, Freyre, Frías, Rondeau, Dehesa, Olazábal, Mansilla, Vega y Escalada; al almirante Blanco Escalada; á los ingenieros de los Andes Álvarez Condarco y Arcos; á los coroneles Pedro Regalado de la Plaza , Guaty, Zado, Pedro José Díaz, Necochea (don Eugenio), y Espinosa; á su capellán en San Lorenzo y Chile el Dr. Julián Navarro; al comandante don Máximo Zamudio, á don Nicolás Rodríguez Peña y don Gregorio Gómez, su amigo de todos los tiempos, y muchos otros á quienes igualmente debo informaciones orales que me han servido para ilustrar mi documentación, vivificándola por la tradición auténtica y por l discusión verbal contradictoria.

 
 
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Retrato realizado en Bruselas en 1827
por la profesora de dibujo de su hija Mercedes
          Por lo que respecta á mapas geográficos, planos topográficos y croquis militares, además de los impresos, citados en los lugares correspondientes, he tenido ocasión de consultar todos los inéditos concernientes á las campañas de San Martín. Entre ellos, señalaremos el croquis trazado á pluma que llevó Soler en su pasaje por los Patos; el itinerario de Las Heras por Uspallata; el de Cabot por la cordillera de Coquimbo; el de Freyre por el Planchón; los preciosos planos del ingeniero de Napoleón Mr. d´Albe sobre Maipú, Cancharrayada y Talcahuano; los interceptados á los ingenieros españoles sobre estas mismas acciones, y arios otros que se conservan manuscritos, cuyos originales ó copias forman parte de nuestra colección cartográfica. Además, hemos recorrido sobre el terreno los itinerarios de las campañas del Ejercito de los Andes y reconocido personalmente todos los campos de batalla, levantando croquis de las localidades respecto de las cuales no existían documentos gráfico, como sucede con el campo de batalla de Chacabuco.
          En cuanto á los retratos que adornan esta obra, pueden considerarse también documentos gráficos auténticos, que representan las faces históricas de San Martín; el comienzo de su carrera americana al pasar los Andes; el apogeo de su poderío en el Perú; su ostracismo y su serena ancianidad, tomados todos ellos de los originales.
          Para esta selección hemos tenido presentes más de veinticinco retratos de San Martín, estatuas, bustos, cuadros al óleo, láminas de batallas, grabados, litografías, fotografías, dibujos al lápiz y miniatura. De estos retratos, en su mayor parte reproducción ó interpretación uno de otros, cuando no de fantasía, sólo cuatro ó cinco pueden considerarse como auténticos por ser tomados más o menos directamente del natural en las cuatro épocas señaladas de su vida, desde 1817 á 1850.

José de San Martín, por José Gil
(Colección HSBC BANK Argentina)
          El primer retrato auténtico que de San Martín existe, corresponde á la época de la reconquista de Chile después de Chacabuco, en 1817, ejecutado por el pintor peruano José Gil. Es de tamaño reducido, pintado al óleos obre cobre, casi de cuerpo entero, á la edad de cuarenta años, y se hallaba vestido con el uniforme de granaderos á caballo que llevan sus estatuas. Este retrato fue regalado por el mismo San Martín en 1820 al viajero norte americano Henry Hhill, quien lo cedió en 1882 al presidente de Chile, Sr. Santa María, su actual poseedor. De él se sacaron en Boston algunas copias heliotípicas que lo han generalizado en América. La fisonomía y apostura es acentuadamente marcial, ó más bien soldadesca, y constituye el tipo varonil de la primera época de la independencia que se popularizó n varias estampas de la época. El mismo pintor hizo de San Martín otro retrato al óleo de tamaño natural en 1818, después de Maipú, por encargo de la Municipalidad de la Serena, en cuya sala capitular se conserva, y figurado como un monumento histórico en varias exposiciones chilenas. Tiene el mismo carácter del anterior, con accidentes que lo distinguen, y pueden considerarse amos como formando uno solo de la misma mano. De estos dos retratos se tomó el de 1821 grabado en Londres, y que mas bien que una copia es una interpretación en el  mismo estilo de sus originales, aunque de dibujo más correcto.
Retrto realizado en Lima en 1822
por la Sra. Narcisa Casa-Saavedra
          El segundo retrato auténtico, -ó sea el tercero ó cuarto en el orden numérico ó cronológico, - es una miniatura hecha en Lima en 1822 por la Sra. Narcisa Casa-Saavedra, esposa de don Juan B. Lavalle de aquella ciudad, siendo San Martín Protector del Perú, y que se distingue por la banda bicolor que lleva cruzada al pecho. Esta miniatura vino por acaso á Buenos Aires y de ella tomó el General Espejo una copia en punto mayor, corregida según sus recuerdos, y ésta es la que ha servido de modelo al retrato de la Ilustración Argentina, dibujado  por el Sr. Carbalho. Según el General Espejo, es la más semejante y el que mejor idea da del carácter de la fisonomía del héroe en reposo.

          El tercero ó cuarto entre los auténticos, fue ejecutado al óleo en Bruselas en 1827, por una artista belga, que era maestra de dibujo de su hija, cuando el General San Martín cumplía los cuarenta y ocho años. Tiene la expresión ideal y heroica, reveladora del temple de su alma, que ha sido transportada al bronce al modelar las cabezas de sus estatuas de Santiago de Chile y de Buenos Aires, cuyos rostros constituyen la parte mas acabada y más notable de esta obra, así por su ejecución como por su expresión. Este retrato es el que San Martín prefería, y ha sido conservado en su familia. Distínguese por llevar en la mano una bandera celeste y blanca, cuyos pliegues forman el fondo del cuadro. El grabado que trae Miller en sus Memorias, es una interpretación de este retrato combinado con el de Lima, pero sin el atributo señalado y sin la expresión que anima la fisonomía, el cual es á su vez copia de una buena litografía hecha en Bruselas por Madou en 1827. Existen de él varias copias fotográficas y una buena copia al óleo que adorna los salones del Club del Progreso de Buenos Aires.
El último retrato de este orden, es el grabado al agua fuerte hecho en París por Edmundo Castón, bajo la inspección de la familia; es tomado de una fotografía directa, que lo representa á la edad de 72 años. Es el más característico como obra de realismo, popularizado por numerosas imitaciones y por los billetes de banco y estampillas postales que han elegido el tipo más verdadero de su última época, pero el menos histórico, despojándolo hasta de su uniforme de guerrero.
La lámina de su estatua está tomada de la que existe en Buenos Aires, que se diferencia de la de Chile en no llevar la bandera en la mano y tener la cola desprendida del plinto, reposando en su centro de gravedad sobre las patas traseras, lo que da al monumento su atrevido equilibrio, simbólico del carácter del héroe que representa.

 
 
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         Dentro de las líneas del plan general trazado, con el espíritu de indagación expuesto y con los elementos que constituyen su sustancia, he formado esta historia dentro de la vida de un hombre con relación á la independencia expuesto y con los elementos que constituyen su sustancia, he formado esta historia dentro de la vida de un hombre con relación á la independencia de una nación y la emancipación de un mundo, pudiendo decirse de ella que es una obra tallada en la materia prima no explotada, que al menos tendrá esta originalidad.
          No será este libro el monumento histórico que en definitiva consagre á inmortal memoria de San Martín la posteridad, á cuyo fallo justiciero apeló en vida; pero pienso que aquellos á quienes toque erigirlo en el futuro, han de encontrar en él, entre los abundantes materiales que contiene, algunas piedras labradas, ó desbastadas, con que establecer sólidamente sus fundamentos.
 
 
BARTOLOMÉ MITRE.
 
Buenos Aires, 1887.

 
  1. En una contestación al Sr. Domínguez inserta en el Nº 14 de la "Revista de Buenos Aires", escrita por el Sr. Carlos Guido Spano, hijo del General Guido, se cita un fragmento de esta carta, asignándole la fecha de 27 de diciembre de 1825, lo que es un error, que hemos corregido en vista del borrador autógrafo de San Martín, que poseemos.  
 
NOTA: Las imágenes son agregadas por el webmaster.
 
  
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Cap. 1.1

CAPÍTULO I
Introducción histórica.
La emancipación sud-americana.






          El argumento de este libro es, la historia de un libertador, en sus enlaces y relaciones con la emancipación de la colonias hispano-americanas que completa el trilogio de los grandes libertadores republicanos del Nuevo Mundo: -Washington, la más elevada potencia de su democracia genial: - Bolívar y San Martín, que constituyen el binomio de la emancipación sud-americana. Su acción se desenvuelve en vastísimo teatro, desde la extremidad austral del continente hasta el trópico de Cáncer, en el espacio de dos décadas de lucha. Su punto de partida, es la revolución argentina americanizada; su hilo conductor, la acción política y militar del protagonista en sus movimientos excéntricos y concéntricos; su objetivo, la coordinación de las leyes normales que presidieron á la fundación de las repúblicas sud-americanas, exponiendo en concreto los principios fundamentales que dieron razón de ser y potencia irradiadora á la revolución por su independencia, cuya síntesis es la libertad de un nuevo mundo republicano según ley natural y según su genialidad. Este punto de vista histórico da su unidad al asunto, su significación al relato y de él fluye lógicamente u filosofía y su moral política. Es la idea que se convierte en acción, como el calórico en fuerza, cuya resultante es la creación de un grupo de naciones nuevas emancipadas por las armas propagadoras de los principios orgánicos que les inocularon vida fecunda, trazándoles grandes rumbos Es la justificación de un victoria humana, como condición necesaria de existencia progresiva para fundar un orden de cosas en que el predominio regulador de una sola ley gobernase á vencidos y vencedores contemporáneos, y fuese la norma del porvenir, enseñando que sólo son legítimas las victorias benéficas para todos, por cuanto, fuera del círculo vital de las acciones y reacciones naturales y de las condiciones normales de la igualdad de derechos y de las garantías recíprocas, todo es hecho brutal y todo fuerza perdida.
          Este argumento es duplo y complejo, como lo es la revolución y la evolución colectiva que comprende, y se combina con la acción del genio individual animado por la fuerza viva que le comunica la suma de las voluntades espontáneas que representa, armónica en su dualismo necesario. Es en el orden nacional y de un punto de vista restringido, el desarrollo militar y político de la revolución argentina que toma ofensiva y la exterioriza, propagando su acción y sus principios; y en el orden internacional es la gestación de nuevas naciones independientes y soberanas que nacen ça imagen y semejanza suya. Abrazando el movimiento colectivo, orgánico y multiforme, en su acción compleja y en diferentes teatros, es el advenimiento de un nuevo mundo republicano sin precedentes, que fluye como de fuente nativa, con la originalidad de sus antecedentes espontáneos, destacándose las agrupaciones políticas de la gran masa, con su autonomía y su integridad territorial, y también con sus vicios ingénitos. Con relación al derecho universal, es por una parte, la proclamación de una nueva regla internacional, que sólo admite por excepción la alianzas y las intervenciones contra el enemigo común en nombre de la solidaridad de destinos, repudiando las conquistas y las anexiones y como consecuencia de esto, la formación del mapa político de la América Meridional con sus fronteras definidas por un principio histórico de hecho y de derecho, sin violentar los particularismos. Por otra parte, y en este mismo orden de cosas, es la tentativa de la revolución colombiana dilatada, de unificar artificialmente las colonias emancipadas, según otro plan absorbente y monocrático en oposición á sus leyes naturales, y en pugna con el nuevo derecho de gentes inaugurado por la revolución argentina americanizada. De aquí proviene la condensación de las dos fuerzas emancipadoras y la conjunción de los dos grandes libertadores que las dirigen, -San Martín y Bolívar, - que operan por instinto de consumo, y se encuentran siguiendo opuestos caminos, después de cruzar uno y otro desde el Atlántico al Pacífico, redimiendo pueblos esclavizados, fundando naciones nuevas y circunscribiendo el campo de la lucha para concluir con el sistema colonial en su último baluarte. De aquí también el choque de las dos políticas continentales de esas hegemonías encontradas, hasta que al fin prevalece por sí mismo el principio superior á que obedecen los acontecimientos por su gravitación natural.
          Considerada bajo este punto de vista la historia de la emancipación sud-americana, presenta un carácter homogéneo, con unidad de acción y con una idea dominante que da su nota tónica en el concierto general en medio de aparentes disonancias. Y si se considera simplemente del punto de vista de la condensación de las fuerzas y de su dirección constante y de sus conjunciones, en medio de sus desviaciones accidentales, esa unidad se manifiesta más de bulto y revela la existencia de una ley que gobierna los hechos consumados, dándole un significado concordante. Es efecto, si se estudia el teatro de la guerra de la independencia sudamericana, desde el Río de la Plata hasta el Mar Caribe, -haciendo abstracción de Méjico, que no se liga al sistema militar continental, - vése que su movimiento general se condensa en dos grandes focos revolucionarios en lo extremos del continente: uno al Sud, que comprende á las Provincias Unidos del Río de la Plata, Chile y el Alto Perú; otro que comprende á Venezuela, Nueva Granada y Quito al Norte. Ambos tienen sus campos de movimiento trazados por la espada libertadora, y dentro de ellos se desenvuelve su acción política y militar. Simultáneamente luchan y triunfan en los dos extremos, y resueltos los dos problemas parciales del Sud y del Norte, las dos revoluciones, como dos masas que obedecen á una atracción recíproca, convergen militarmente hacia el centro siguiendo en sentido opuesto un doble plan de campaña continental. Este plan concebido y ejecutado por los dos grandes libertadores ya señalados, da por resultado preciso el triunfo final de la emancipación americana por la acción militar combinada de todas las colonias insurreccionadas. Esta acción compacta y uniforme, que se dilata en la extensión de la cuarta parte del globo, obedeciendo á las influencias morales de las almas y á la afinidad de las fuerzas, tiene la unidad ideal de un poema y la precisión de una solución mecánica.
          La unidad de esta acción compacta, persistente, intensa, sin desperdicio de fuerzas, se dibuja netamente en las líneas generales de la vida de San Martín, el libertador del Sud, dando á su figura histórica proporciones continentales, no obstante que sus acciones sean más trascendentales que su genio y sus resultados más latos que sus previsiones. Es una fuerza histórica, que como las fuerzas de la naturaleza, obra por sí, obedeciendo á un impulso fatal. Nace en un pueblo oscuro de la América, que desaparece, cuando él empieza á figurar en su grande escenario al bosquejar su mapa político, y por eso no tienen más patria que la América toda. Fórmase como soldado en el viejo mundo, combatiendo por mar y por tierra, con los primeros soldados del siglo, lo que lo prepara al desempeño de su futura misión batalladora, aunque sin tener la intuición de su destino, y su carácter se templa en un medio que debía inocularle la pasión absorbente que él convertiría á su tiempo en fuerza eficiente. En los comienzos de su carrera en el Nuevo Mundo, establece metódicamente por la táctica y la disciplina su base de operaciones; forja su arma de combate; monta su máquina de guerra, producto de la combinación de dos fuerzas concurrentes; consolida la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, su punto militar de partida, y conquista después la de la América austral en una zona de 50 grados geográficos. En su mando del ejército argentino del norte, su nombre y sus trabajos se vinculan con la revolución del Alto Perú, cuya marcha excéntrica prevé por sus desviaciones, y á cuyo triunfo debí concurrir por otro camino estratégico descubierto por su genio observador, teniendo allí la primera visión de una nueva ruta salvadora. Al transponer los Andes, en prosecución del plan de campaña continental por él concebido, se identifica con la revolución de Chile, y después de fundar y consolidad por siempre su independencia, inicia la primera liga guerrera y la primera alianza internacional en América. Domina el mar Pacífico según sus claras previsiones, sin lo cual la independencia americana era absolutamente imposible por entonces, y ejecuta por este nuevo camino la tercera grande etapa de su itinerario, libertando el Bajo Perú, cuya independencia funda y cuya constitución bosqueja. Concurre á la independencia de Colombia, lleva hasta el pie del Pichincha la bandera de la revolución argentino-chilena-peruana, saludada por los libertadores colombianos, que realizan un plan de campaña análogo, no menos gigantesco que el suyo. Bajo la línea equinoccial, que divide los dos grandes teatros de la guerra continental, se da la mano con Bolívar, el libertador que viene del norte por opuesto camino, obedeciendo al mismo impulso dando grandes batallas americanas como él, redimiendo pueblos y fundando naciones. Así termina su gran campaña emancipadora del Sud. Por último, abdica en medio de su poderío, cuando comprende que su misión ha terminado, que sus fuerzas eficientes están agotadas, y se condena deliberadamente al ostracismo por necesidad y por virtud, fiel á la máxima proverbial que regló su vida: -"SERÁS LO QUE DEBES SER, Y SINO NO SERÁS NADA."
          Como complemento de esta vida y de esta misión histórica, puede contemplar su obra desde el ostracismo, al ver que en definitiva la América meridional se organiza autonómicamente según la constitución geográfica de que derivaba su plan de división política, formando una nueva constelación de Estados independientes, tal como él la concibió por instinto en observación de sus leyes naturales. Á la vez, mira sin envida, que Bolívar, con quien comparte la gloria de la redención de medio mundo, alcanza y merece la corona del triunfo final de la independencia, reconociéndose modestamente inferior á él sus esfuerzos y en hazañas, aun cuando sea moral y militarmente más grande, y por eso el triunfo en orden definitivo de las cosas es suyo. Mientras se disipa el sueño delirante de la ambición de Bolívar, al pretender fundar un imperio de repúblicas dependientes, con una constitución monocrática bajo los auspicios militantes de la hegemonía colombiana, y su fundador cae repudiado políticamente por ellas, aunque glorificado más tarde como libertador, prevalece el plan de la hegemonía argentina, de que San Martín fue el heraldo, como fundador de repúblicas independientes, según sus tendencias espontáneas. Y de este modo, la unidad de argumento y de acción de esta historia, que liga sus partes componentes subordinándolas á un principio dominante, se continúa hasta el retiro de los do libertadores representantes de las dos hegemonías redentoras de la América del Sud, y se prolonga hasta en su posteridad con la melancólica fatalidad del drama antiguo y la exactitud de la ecuación matemática.
  

Cap. 1.2

          Se ha dicho, que cuando la posteridad vuelva sus ojos hacia nosotros, juzgará que la emancipación de la América meridional es el fenómeno político más considerable del siglo XIX, así por su magnitud y originalidad como por la extensión probable de sus consecuencias futuras.1 En efecto:
- la aparición de un grupo de naciones independientes, surgidas de un embrión colonial que yacía en la inercia, y que con elementos nuevos suministran nuevas individualidades á la historia, interviniendo desde luego en la dinámica del mundo;
- la unificación política de todo un continente, que ocupa la mitad del orbe, proclamando por instinto genial los principios lógicos de la democracia como ley natural y regla universal del porvenir;
- la consagración de un nuevo derecho de gentes y un nuevo derecho constitucional, en oposición abierta al derecho de conquista y servidumbre y al tradicional dogma monárquico del absolutismo triunfante en el antiguo continente;
- la división del mundo en dos porciones ponderadas, que establece en las balanzas del destino el equilibrio humano;
- la inauguración  de sociedades orgánicas, con igualdad nativa, emancipadas de todo privilegio, con una fórmula comprensiva y con tendencias cosmopolitas;
- la apertura de un nuevo campo de experimentación libre de todo obstáculo del desenvolvimiento de las facultades físicas y morales del hombre;
- por último, la amplitud de sus movimientos y sus largas proyecciones en el espacio y en el tiempo;
constituyen sin dudas, uno de los más fundamentales cambios que en la condición del género humano se haya operado jamás.
          Los primeros estremecimientos de esta revolución empezaron á sentirse sincrónicamente en las dos extremidades y en el centro de la América meridional en el año 1809, con idénticas formas, iguales propósitos inmediatos y análogos objetivos, acusando desde muy temprano una predisposición innata y una solidaridad orgánica de la masa viva. Simultáneamente, sin acuerde entre las partes, y como obedeciendo á un impulso ingénito, todas las colonias hispanoamericanas, se insurreccionaran en 1810, y proclaman el principio del propio gobierno, germen  su independencia y de su libertad. Seis años más tarde, todas las insurrecciones de la América del Sud eran sofocadas (1814-1816) y sólo quedaba en pie las Provincias Unidas del Río de la Plata, la que, después de expulsar de su suelo ´todos sus antiguos dominadores, declaraban su independencia á la faz del mundo y daba de nuevo á las colonias vencidas la señal del grande y último combate, haciendo causa común con ellas. En 1817, la revolución argentina americanizada, se traza un plan de campaña, de política y de emancipación continental; toma la ofensiva y cambia los destinos de la lucha empeñada; atraviesa los Andes y redime á Chile, y unida con Chile, domina el mar Pacífico, liberta al Perú, y lleva sus armas redentoras hasta la línea del Ecuador, concurriendo al triunfo de la revolución colombiana. Este vigoroso movimiento de impulsión se hace sentir en la extremidad norte del continente meridional, que á su vez vence y expulsa á los defensores de la metrópoli en su territorio, ejecuta la misma revolución que la revolución argentina, toma la ofensiva, atraviesa los Andes, se americaniza y converge hace el centro donde las dos fuerzas emancipadoras efectúan su conjunción, según queda dicho. La lucha quedó circunscripta á las montañas del Perú, último refugio de la dominación española, herida ya de muerte en las batallas de Chacabuco y Maipú, Carabobo y Boyacá. Desde entonces la independencia sud-americana dejó de ser un problema militar y político, y fue simplemente cuestión de tiempo y de un esfuerzo más. Las colonias hispanoamericanas eran libres de hecho y de derecho por su propio esfuerzo, sin auxilio extraño, luchando solas contra los poderes absolutos de la tierra coaligados en su contra, y del caos colonial surge un nuevo mundo ordenado, coronado de las dobles luces polares y ecuatoriales de su cielo. Pocas veces el mundo presenció un génesis político semejante, ni una epopeya histórica más heroica.
          Mientras estos grandes acontecimientos se producían en la América meridional en vísperas del combate final, los Estados Unidos del Norte, que abrieron la nueva era republicana dando la señal de la emancipación á las colonias del sud del continente, y que durante la lucha se mantuvieron neutrales, aunque no indiferentes, reconocen la independencia de las nuevas repúblicas (1822), como «un hecho expresión de la verdad» y declaran, que «es un derecho de los pueblos sud-americanos romper los vínculos que los ataban á su metrópoli, asumir el carácter de naciones, entre las naciones soberanas de a tierra, y darse sus instituciones con arreglo á las leyes de la naturaleza dictadas por Dios mismo»2.. Como una consecuencia del reconocimiento solemne de este hecho y este derecho, los Estados Unidos promulgan la memorable doctrina de Monroe (1822), que en oposición á la famosa bula de Alejandro VI que repartió el mundo entre dos coronas, divide al mundo entre dos sistemas de gobiernos, consagrando un nuevo principio de derecho internacional para ambos mundos, encerrado en la fórmula.: «La América es de los americanos».America for the Americans.») Jefferson, trazando los primeros lineamientos de esta política (en 1808), ha dicho: «La América tiene principios distintos de los de a Europa, y debe tener un sistema suyo que la separe del antiguo continente guarida del despotismo, para ser lo que debe ser la morada de la libertad.» Y Monroe siguiendo estos valientes consejos púsose en 1823 frente á frente de la santa alianza de los reyes coaligados contra la libertad del mundo, y declaró: « que toda la tentativa de las potencias europeas para extender su sistema á cualquier punto del hemisferio americano, con el fin de oprimir á sus pueblos emancipados según principios de justicia ó contrariar sus destinos, sería contraria á la felicidad y á la seguridad del nuevo continente, bajo cualquier forma que se produjera.»3 Las nuevas repúblicas americanas dieron su sanción á esta declaratoria, erigiéndola en regla internacional, y la santa alianza de los reyes absolutos de la Europa retrocedió ante esta actitud, que debía reaccionar sobre la misma Europa sojuzgada.
          La libre Inglaterra, que en un principio fue favorable á la revolución sud-americana, empezó á ponerse del lado la España en 1818 y de la santa alianza en la cuestión colonial, en el sentido de buscar un arreglo que diera por resultado una simple «emancipación comercial» de las colonias, precisamente en el momento en que los Estados Unidos empezaron á diseñar su política en el sentido de la emancipación sud-americana. La diplomacia del gabinete de Washington, manifestó entonces á la Inglaterra, que «las miras del gobierno norteamericano eran que las colonias de la América meridional se emancipasen completamente de la madre patria, y que la lucho no podía terminarse de otro modo.» En 1819, reiteró formalmente esa declaración con motivo de la reunión del congreso de Ais-la-Chapelle en que se trató de una mediación de las potencias entre la metrópolis y sus colonias insurreccionadas4. Y Lafayette, afirmando esta declaración ante el gobierno francés, decía al mismo tiempo: «Toda oposición que se haga á la independencia del nuevo mundo, podrá afligir á la humanidad, pero no ponerla en peligro»5.
          Así, mucho antes que la batalla final asegurase por siempre la emancipación del nuevo continente (1819-1822), ya era un hecho que estaba en la conciencia universal, y la actitud de los Estados Unidos, sostenida por la Inglaterra, hizo declinar la balanza diplomática en su favor en 1823. - La opinión del pueblo inglés le era propicia y las simpatías de todos los liberales de Europa le acompañaban. En el parlamento británico se levantaron voces elocuentes en su favor y el marqués de Lansdowne se hizo el órgano de estos sentimientos presentando una moción á fin de que la Inglaterra reconociese la independencia de las colonias hispano-americanas.- «La grandeza é importancia del asunto de que voy á ocuparme, dijo el orador, es tal, que rara vez se habrá presentado mayor ni igual á la consideración de un cuerpo político. Los resultados se extienden á un territorio cuya magnitud y capacidad de progreso, casi abisma la imaginación que trata de abarcarlos: extiéndense á regiones que llegan desde los 37 grados de latitud norte á los 41 grados de latitud meridional, es decir, una línea no menor que la de toda África, en la misma dirección, y mayor anchura que todos los dominios rusos de Europa y Asia. Estas regiones están cruzadas por ríos magestuosos, con tal variedad de climas y con tan templados efectos de los calores ecuatoriales, gracias á las cadenas de montañas que las atraviesan, que la naturaleza se ve allí dispuesta á producir, como en comprendio, cuanto hay de más apetecible en el mundo. Hállanse habitadas estas regiones por veinticinco millones de almas de diversas razas, que saben vivir en paz y armonía, y que, bajo circunstancias más favorables que las que las han rodeado hasta ahora, pronto llenarían los grandes vacíos de terreno inculto, cuya feracidad las haría prosperar hasta que aquel vasto continente se viese poblado de naciones poderosas y felices. Sus habitantes han llevado la copa de la libertad á los labios, y nadie puede atajar el rumbo de la civilización ni de cuantos sentimientos nobles y grandiosos nacen en su carrera. La regeneración de estos países irá adelante.»6
          La reunión del congreso de soberanos de Verona (1823), y su decisión de intervenir en la Península para sofocar el liberalismo español apoyando al rey absoluto, unida al proyecto de monarquizar la América del Sur según las incipientes ideas reaccionarias de Chateaubriand7, determinaron la actitud de la Inglaterra bajo el ministerio de Canning, que uniformó su política con la de Estados Unidos. Partiendo de la base de que «la independencia de las colonias españolas pobladas por la raza latina, era un hecho consumado, y un nuevo elemento político de la época que en adelante debía dominar las relaciones entre ambos mundos»8, el gran ministro se decidió á reconocer ese hecho, y pronunció en tal ocasión las memorables palabras que resonaron en los dos hemisferios: «La batalla ha sido recia, pero está ganada. El clavo queda remachado. La América española es libre: - Novus aæclorum nascitur ordo!»9.
          La batalla de Ayacucho ganada ocho días antes de pronunciadas estas palabras en el opuesto hemisferio, respondíó á ellas, coronando el doble triunfo de la independencia sudamericana. Canning pudo entonces exclamar: «He llamado á la vida á un nuevo mundo para restablecer el equilibrio del antiguo»10.
          El mundo nuevo reaccionaba por la tercer vez sobre el viejo con su masa y con su espíritu, y por la tercera restablecía su equilibrio perdido.
 

 
  1. "Enciclopediédue nouvelle" de Leroux y Reynaud,t.II, p. 762.
  2. Véase en Matens: «Nouveau recueil de traités» t. VI p. 152; Rapport du comité des affaires étragères de la chambre des représentants concernant la reconnaissance de lìndépendance des ci-devans provinces esagnoles en Amérique en 19 marz 1822. - «Abridgement of the debates of Congress» t.Vii, p. 287 y siguientes 
  3. «Abridgement of the debate of Congress» t. VII, p. 470: President's Mensage de 2 de diciembre de 1823. 
  4. «Residence at the Court of London by Richard Rush, Minister of the United States from 1817 to 1825» caps.XIII y XVII
  5. Carta de Lafayette al Ministro Desolles, de 19 de enero de 1819, comunicada á Rivadavia. (M.S. Papeles de don Valentín Gómez)
  6. Discurso del marqués de Lansdowne en la Cámara de los Lores el 18 de marzo de 1823, inserto en el «Mensajero de Londres» t. I, p. 483 y sig.
  7. Véase Chateaubriand; «Congreso de Verona» t. II, y especialmente cap. IX
  8. Nota de Canning á Grenville de 17 de diciembre de 1824, en Stapleton: «G. Canning and his times» p. 411
  9. Discurso de Canning de 12 de diciembre de 1826
 
  

Cap. 1.3

          La tierra descubierta por Cristóbal Colón que complementó el mundo físico, estaba destinada á restablecer su equilibrio general en el momento mismo en que vacilaba sobre sus cimientos.
       Antes de finalizar el siglo XV, la Europa había perdido su equilibrio moral, político y mecánico. Después de la invasión de los bárbaros del Norte, que le inocularon un  nuevo principio de vida, sin extirpar el germen de decadencia heredado del antiguo imperio romano destruido su civilización estaba á punto de desmoronarse otra vez. No existía en ella una sola nación coherente, y sus agrupaciones inorgánicas eran compuestos heterogéneos de razas y particularismos antagónicos, basados en la conquista y la servidumbre, que la fuerza ataba y desataba. Sus fuentes productivas estaban casi agotadas y su porvenir era un problema sombrío. La libertad de los hombres esclavizados era apenas una esperanza latente que ardía como luz moribunda en el fondo de algunas conciencias. El privilegio de unos pocos, era la regla dominante y la ley niveladora que pesaba sobre las cabezas de la gran comunidad avasallada. La moral política de los pueblos y de sus pensadores era la del príncipe de Maquiavelo, que anteponía la razón del Estado á todos los derechos humanos, justificando todos los medios por los resultados, y esto era un adelanto relativo. Toda revolución sana en el sentido del progreso era imposible dentro de sus elementos caducos, y así la Europa marchaba fatalmente á la disolución social por falta de un principio vital y regenerador.
         La caída del antiguo imperio greco-romano había derribado el último antemural de la Europa contra la nueva irrupción de los bárbaros de Oriente, que avanzaba compacta y fanatizada desde el fondo del Asia bajo el pendón de la media luna, oponiendo el Korán al Evangelio. Dueños los musulmanes de Constantinopla, de la Grecia antigua y parte de la Italia en Europa, y de las llaves de la navegación del Mediterráneo, el despotismo oriental, precedido por sus armas triunfantes había invadido todo el occidente, convirtiéndose en institución permanente, divinizada, y este poder absoluto y absorbente de la sociedad y del individuo era la última esperanza de los pueblos contra los males de la época y la tiranía de los privilegiados. Para colmo de infortunios, los antiguos caminos del comercio a Oriente, en que se dilataba la actividad universal, estaban clausurados por efecto de las conquistas de los árabes, dominadores de las tres cuartas partes del mundo conocido. La Europa encerrada en el estrecho recinto de la línea del Danubio y la puerta de las columnas de Hércules, aislada, empobrecida, esclavizada, debilitada y amenazada de ser expulsada del Mediterráneo, -cuyas costas dominaban los turcos y los moros en África, Asia y parte de Europa,- parecía perdida y sólo el descubrimiento de un nuevo mundo podía salvarla. «El descubrimiento de un nuevo continente más allá de los mares tenebrosos, tuvo por efecto, no solamente abrir al comercio otros caminos, sino hacerle experimentar una transformación que ha influido más que ningún otro acontecimiento político sobre la civilización del género humano, por cuanto afectó, como continúa afectando más fuertemente cada día, todas las partes del globo y la humanidad entera»1. Este descubrimiento, -verdadero punto de partida de la era moderna,- al restablecer el equilibrio dinámico remontando á las causas del movimiento y efectos de las fuerzas, hizo que las otras cosas girasen armónicamente en su esfera de atracciones recíprocas, y sus hombres en el círculo vital de sus aspiraciones innatas. Así se operó el gran fenómeno social que renovó la civilización cristiana y salvó la libertad humana. El gran movimiento de Reforma, que vino inmediatamente después, al emancipar la razón y dar vuelo á las almas, depositó en las conciencias el germen de los principios democráticos que entraña la Biblia, -que era su código,- y que, transportados á un mundo nuevo debían regenerar la civilización europea degenerada y atrofiada, y difundirla vivificada en el orden político por toda la tierra, como la semilla fecunda de Triptoleno.
          No en vano la imaginación popular, anticipándose á los tiempos, supuso que la fuente de Juvencio soñada por los antiguos, que comunicaba en sus ondas la inmortalidad y la eterna juventud, se encontraba en el nuevo continente descubierto por Colón. Trasplantada el suelo virgen de la América la civilización decrépita de la Europa, con sus gérmenes vivaces de progreso, se rejuveneció y se aclimató en él, en condiciones de igualdad, sin poderes monárquicos ni teocráticos, sin privilegios ni aristocracia, y desarrollóse libremente en su atmósfera propicia. Abierto este nuevo é inmenso campo á la actividad humana operóse una evolución super-orgánica «en que los hechos revelan la educación del vástago y la cooperación de los antecesores muestra el germen de un nuevo orden de fenómenos»2. Fue una verdadera renovación del orden social en la materia viva con arreglo á la ley de la naturaleza. El resultado fue la organización de una democracia de hecho, y una sociedad nueva, hija del trabajo. Para el efecto bastó que el hombre, dejara en Europa su carga de servidumbres seculares,, se transportase á otro continente vacante, y entregado á su espontaneidad rehiciese su propio destino prevaleciendo sus instintos sanos y conservadores en la lucha por la vida.

  1. Scherer: «Histoire du commerce de toutes les nations», t. I, p. 138.
  2. Spencer: «Principes de sociologíe» t. I, p. 6.
 
  

Cap. 1.4

          En la repartición del nuevo continente, tocóle á la América del Sur el peor lote. La España y el Portugal, transportaron á sus nuevas colonias su absolutismo feudal y sus servidumbres; pero no pudieron implantar en ellas sus privilegios, su aristocracia ni sus desigualdades sociales. El poder eficiente de bien, fue más poderoso. La buena y la mala semilla cultivada en el nuevo suelo, se modificó, se vivificó y regeneró, dando por producto una democracia genial, cuyo germen estaba en la naturaleza del hombre trasplantado á un nuevo medio ambiente. Contribuyó á este resultado el modo cómo se colonizó la América meridional. El más sesudo cronista de Indias, reconoce que la conquista se hizo á costa de los conquistadores, sin gastos de la real Hacienda1. Y un juicioso historiador sud-americano, comentado este hecho deduce de él la lección de política práctica que encierra. «Los aventureros españoles del siglo XVI pudieron ejecutar la hazaña portentosa de conquistar la América, porque nadie puso trabas á su espontaneidad, ni sometió á reglas su inspiración personal. Esta fue la ley general de la conquista de América, y lo que produjo un resultado tan maravilloso y rápido fue el haberse dejado su libre desenvolvimiento á la inspiración personal. Cada conquistador fue una fuerza que dio de sí, sin limitación, todo lo que podía dar»2. De aquí el espíritu de individualismo que legaron á sus descendientes en su sangre con sus instintos de independencia y con ellos las tendencias orgánicas que desde su origen manifestaron las nuevas colonias. Era un mundo rebelde que nacía bajo los auspicios del absolutismo, que al dar vuelo al individualismo se encontró en pugna con el mismo feudalismo de que derivaba.
          Conspiraba fatalmente á este resultado más o menos lejano, la constitución colonial calculada  para el despotismo personal, que excluía la idea de una patria común, y que por lo mismo de ser absoluto en teoría era orgánicamente débil. La colonia y la metrópoli no constituían una sustancia homogénea. La América española, en que algunos han creído ve una especia de imperio independiente, era considerada como un feudo personal del monarca español, más que por razón de la tierra por razón de la persona, como posesión, por razón de la bula de Alejandro VI que la constituyó en tal «en virtud de la jurisdicción que como cabeza del linaje humano tenía el Papa sobre el mundo», según la doctrina del más profundo comentador de la constitución colonial3. Por eso la América española, no formaba cuerpo nación con la Península, ni estaba ligada á ella sino por el vínculo de la corona, y así el juramento de fidelidad que le prestaban sus vasallos de ultramar era el juramento feudal que ata un hombre á otro hombre, más que por razón del descubrimiento, por la población y la lo explica el mismo comentador4. Y de aquí que el rey pudiese legislar y dictar impuestos, sin intervención de las cortes españolas, que sólo funcionaban para la Península. De este orden de cosas debía surgir una teoría revolucionaria, cuando desapareciendo el monarca y desatado de hecho los vínculos personales, la soberanía absoluta de los reyes retrovertiese por acefalía á sus vasallos y convertida en soberanía popular, el divorcio entre las colonias y la madre patria se produjese lógica y legalmente.
          Este feudo colonial tenía su gobierno superior en el Consejo de Indias, que se distribuía en lo político representado por un virrey, y en lo judicial por una Audiencia, autoridades que se fiscalizan y contrapesaban en representación de la autoridad absoluta de la corona, gastando en este roce estéril más fuerza que la que utilizan. En el orden municipal los cabildos, sombra de las antiguas comunidades libres de la madre patria, representaban nominalmente al común del pueblo. Tal es el bosquejo de la constitución colonial. Ella contenía empero un principio democrático, aunque en esfera limitada, desde que se atribuía teóricamente á los cabildos la representación popular, se les reconocía el derecho de convocar al vecindario y reunirlo en cabildo abierto ó congreso municipal, para deliberar sobre los propios intereses y decidir de ellos por el voto directo como en las democracias de la antigüedad. Esta ficción se convertiría en realidad, el día en que las fuerzas populares le comunicasen vida. De los cabildos así constituidos debía brotar á su tiempo la chispa revolucionaria, y en su foro municipal haría el pueblo sus primeros ensayos parlamentarios.
          Esta sociabilidad rudimentaria con instintos de independencia y gérmenes nativos de democracia entrañaban, -como lo hemos dicho en otro libro histórico,- todos los vicios esenciales y de conformación de la materia originaria y del grosero molde colonial en que se había vaciado, á la par de los que provenían de su estado embrionario, de su propia naturaleza y de su medio. Los desiertos, el aislamiento, la despoblación, la carencia de cohesión moral, la bastardía de las razas, la corrupción de las costumbres en la masa general, la usencia de todo ideal, la falta de actividad política é industrial, la profunda ignorancia del pueblo, eran causas y efectos que, produciendo una semibarbarie al lado d una civilización débil y enfermiza, concurrían á viciar el organismo en la temprana edad en que el desarrollo se iniciaba y cuando el cuerpo asumía las formas externas que debía conservar. Sin embargo, de este embrión debía brotar un nuevo mundo republicano con ss constitución genial, producto de los gérmenes nativos que encerraba en su seño. 


  1. Véase Herrera: «Historia general, ext. de las Indias» dec. IV. lib.VI, cap. XI
  2. Amunátegui: «Descubrimiento y conquista de Chile» ps. 7 y 29
  3. Solózano: «Política Indiana» lib. I, cap. X y XI. núm. 8.
  4. Solózano: «Política Indiana» lib. III, cap. XXV, núm. 13.
  

Cap. 1.5

          Más feliz, la América del Norte fue colonizada por una nación que tenía nociones prácticas de libertad y por una raza viril mejor preparada para el gobierno propio, impregnada de un fuerte espíritu moral, que le dio su temple y su carácter. Emprendida un siglo más tarde que la española, se aclimató a una región análoga á la de la madre patria, como la española y la portuguesa al mediodía de la América, y fundaron allí una verdadera patria nueva, á que se vincularon por instituciones libres. Bien que en su origen las colonias inglesas consideradas como provincia de la corona, administradas por compañías privilegiadas y por un consejo de gobierno á la manera del de Indias, y que el monarca se reservó, como el de España, la suprema autoridad legislativa y la facultad de proveer todos los empleos, sin concederles la menor franquicia electoral, los colonos de la Virginia por su propia energía no tardaron en conquistar algunos derechos políticos, luego asegurados por cartas reales, que fueron el origen de sus futuras constituciones republicanas. En 1619 se reunió en Jamestown la primera asamblea nacional elegida popularmente por los hombres libres de la comunidad, que con razón se ha llamado «la feliz aurora de la libertad legislativa en América», siendo «la Virginia el primer Estado del mundo, compuesto de burgos separados y dispersos en un inmenso territorio, donde el gobierno se organizó según los principios del sufragio universal». Á la Virginia siguió Maryland, cuya carta fundamental otorgada en 1632 dióle una participación independiente en su legislación y la sanción de los estatutos por el consentimiento de la mayoría de sus habitantes y diputado, ligando así el gobierno representativo indisolublemente á su existencias. Estas primeras asambleas coloniales acabaron con las compañías y privilegios y fundaron el gobierno de lo propio (self-governmet)1.
          Á los plantadores de la Virginia y de Maryland siguieron los Peregrinos de la Nueva Inglaterra (los puritanos), que huyeron de las persecuciones de la Europa, buscaron la libertad de conciencia en el Nuevo Mundo para fundar en él una nueva patria según la ley de su Evangelio. Fuertemente impregnados del espíritu republicano de la madre patria, de cuya gran revolución fueron autores, y de los principios democráticos de las repúblicas de Suiza y Neerlandia que les dieron asilo, llevaron de esta ultima el tipo ideal del gobernante de un pueblo libre en la figura austera de Guillermo de Orange, que presagiaba á Washington. Fuertes en la conciencia de sus derechos innatos, se trasportaron sin garantía alguna á su nuevo teatro de acción, declarando que «si más tarde se pretendiese oprimirles, aún cuando se ordenase con un sello real tan grande como una casa, ellos encontrarán medios eficaces para nulificarlos». Y sí fue. Apenas pisaron el suelo de su nuevo patria colectiva, declararon en presencia de Dios que «fundaban su primera colonia en la región septentrional de la América, y se asociaban en el cuerpo civil y político para su mejor organización y conservación, y que en virtud de tal compromiso decretarían, establecerían y formarían las leyes y ordenanzas y constituciones justas y equitativas que juzgasen más convenientes al fin general». Cien hombres firmaron este documento, que según un historiador norte-americano, fue «el origen de la verdadera democracia y la libertad constitucional del pueblo, por el cual la humanidad recobró sus derechos y estableció un gobierno basado en leyes equitativas y en vista del bien general, reaccionando contra las constituciones de la edad media derivadas de los privilegios municipales»2. Vinieron por último los cuákeros, que proclamaron en absoluto la libertad intelectual del pueblo como un derecho innato é inalienable, y emancipando la conciencia humana según el método filosófico de Descartes, formularon su constitución, anticipándose á las constituciones modernas, en que se consignó por la primera vez e una manera absoluta y universal el principio de la igualdad democrática. Y con Guillermo Penn á su cabeza fundaron la colonia representativa de Pensilvania, núcleo y tipo de la gran república de los Estados Unidos.
          Esta fue la eficiente acción del nuevo mundo sobre la Europa en la primera época de su descubrimiento y población. Sus inmigrantes al pisar el suelo en que recuperaban su equilibrio, libres de las pesadumbres que les agobiaban en el viejo mundo, formando un nuevo Estado político, y se dieron según sus tendencias individuales una constitución democrática apropiada á sus necesidades físicas y morales, que encerraba en sí los gérmenes de su organización futura y el tipo fundamental de otras sociabilidades análogas.
          Tal fue el génesis de la libertad democrática, destinada a universalizarse.


  1. Véase Bancroft: «Hist. des Etats-Unis», t. I, caps. IV, VII, VIII, y especialmente páginas 132, 148, 157 y sig., 212 y sig. 256, 257, 269 y 276.
  2. Véase Bancroft: «Hist. des Etats-Unis», t. I, págs. 296, 321 y sig., 334, 338, 340 y sig. y 357 y sig. - Motley: «Hist. de la fondation des Provinces Unies»